Para el director; con Neguinot.
de ocho (cuerdas).
Salmo de David.
¡Oh Eterno!
No me reprendas en Tu ira,
en Tu indignación no me castigues.
Compadécete de mí, Eterno,
pues desfallezco.
Cúrame, Eterno,
porque tiemblan mis huesos.
Mi alma se estremece mucho.
Y Tú, Eterno, ¿hasta cuándo?
Vuelve, Eterno,
rescata mi alma.
Sálvame, en virtud de Tu bondad.
Porque en la muerte no hay quien Te mencione.
El el Sheol*, ¿Quién te loará?
Estoy fatigado por mis gemidos.
Cada noche inundo mi cama
con mis propias lágrimas;
mi lecho se ha hecho agua.
Mis ojos se han consumido
por el sufrimiento;
han envejecido por culpa de
todos mis enemigos.
Que se aparten de mí
todos los que obran maldad,
pues escuchó el Eterno
la voz de mi llanto.
El Eterno escuchó mi ruego.
El Eterno mi oración recibirá.
Se avergonzarán y temblarán mucho
todos mis enemigos,
y súbitamente volverán atrás,
avergonzados.
*Morada de los muertos

